Cosas que pasan



El hombre de la esquina lloraba siempre que recordaba su muerte. Hablaba de ella como si se tratara de un difunto cercano, alguien a quien añoraba y al que le ofrecía siempre el último brindis del año. Todos nos acostumbramos a sus lágrimas de duelo cuando utilizaba esos instantes de prórroga para calumniar al vivo que había sido. Y tanto se lloró en vida que se fue muerto de la risa al otro mundo. 
Ella estaba ahí, paciente, expectante…Le desató la cordura. Se acomodó en su mente con intención de no marcharse en una larga temporada. La sedujo hasta el extremo de un éxtasis oscuro. Embriagó sus pensamientos. Por selección natural, empezó a engendrarse una obsesión. El polo negativo de todo comenzó a ser atraído por su imán mental. Un calambre eléctrico activó el mecanismo que no dejaba de dar vueltas en su cabeza. La simple idea de imaginarlo le desató la cordura.
Ese día de verano, mientras intentaba tomar su almuerzo en su casa de campo, las decenas de moscas, que habían en el ambiente, revoloteaban a su alrededor e intentaban posarse sobre su comida sin dejarlo almorzar en paz.
- ¡Belcebú! - gritó el joven, obstinado, mientras espantaba las moscas de su comida con una mano - ¡Controla a tus súbditos y ordénales que me dejen comer en paz!
Al instante, todas las moscas desaparecieron y el joven, sorprendido, terminó de comer tranquilamente; pero esa tarde, mientras tomaba la siesta bajo un gran árbol,  el joven tuvo un sueño muy extraño en el que millones de moscas lo atacaban y se lo llevaban volando a una oscura caverna, donde una grotesca mosca gigantesca lo estaba esperando para comérselo.

Al despertar, sudoroso y aterrado, el joven corrió a su vehículo, se montó y pasó toda la noche manejando de regreso a la ciudad, haciendo pequeñas paradas en todas las iglesias que encontraba en el camino para rezar un poco y jurar que más nunca volvería a jugar con demonios.
Se quedó con tantas ganas
El sol lo vino a buscar
Y lo saco despacito
La luna besaba el mar.
Se posó una mariposa
Como queriendo hablar
Tengo que volar tan lejos
No sé si poder llegar.
Que tiene la noche mía
Tiene garras echas  caricias
Un silencio que me abraza
Con encanto, es poesía.
Palabras mezcladas ríen
Y sueñan jugar conmigo.
Desborda el rio sus aguas
Yo despierta y siento frio.
La gente toda dormía
Era muy de madrugada
Una mano con el mate
La otra con mi esperanza
Se quedó con tantas ganas
No quiero sentirme mal
Mejor termino mi verso

Debe estar por aclarar.

Instituto del tratamiento de las enfermedades nerviosas - 1° Parte


Insano_ sensato



Gerardo tiene 54 años, desde los 18 años  ha  pasado por clínicas psiquiátricas.
Hizo cuatro años superiores en una escuela técnica, y una mañana caminando por  los pasillos de aquel lugar, comenzó a mirar el techo, ya no volvió más, sus despertares son momentáneos.
De pequeño su padre y hermanos, él es el hermano mayor, lo incentivaban a ir al cine a salir, el solo leía,  y ante la insistencia familiar, iba al cine, En una de nuestras charlas llego a decirme “la guerra de las galaxias era donde todo se rompía, feo, feo “, esbozando  una sonrisa bobalicona.
Tengo  que confesar que Gerardo es una de mis debilidades, escondiendo sus ojos entreabiertos con la palma de sus manos se pasea por el corredor del patio del manicomio, sus pasos largos y correctos, como marcando distancia, al llegar al final gira en un pie y retorna con sus pasos largos.
Padece una esquizofrenia desorganizada,  mantener una charla con él es desesperante e interesante, salta de un tema a otro, señalando puntos en la palma de su mano izquierda nombra todos los huesos del cuerpo humano, me mira, sonríe, y  con el mismo ímpetu nombra uno a uno los presidentes Argentinos.
Hace 25 años está aquí dentro…
Gerardo… ¿que puedo regalarte para tu cumpleaños?
“Un libro grande sobre las edades del hombre, edad de piedra periodo paleolítico periodo mesolítico, periodo neolítico”
Y así va nombrando con su dedo índice apuntando león la palma de su mano los distintos puntos.
Gerardo… ¿Queres que pida permiso y salgamos a pasear?
Se tapa los ojos con sus manos y dice
“Disculpe Laura, tengo que seguir con mis cosas, déjeme solo “
Se sienta mirando la pared, su índice izquierdo señala puntos rápidamente en la palma de la mano derecha, no logro escuchar lo que susurra, números quizás, me aparto.
A Marta se le salió el pañal, Marcelo grita desesperado, como hormigas algunos corren, está la enfermera repartiendo cigarrillos, otros toman mate al sol, esquizofrénicos, depresivos… muchos abandonados aquí, ni siquiera reciben visitas.
Vuelvo a mirar a Gerardo, sigue mirando su mano, de cara a la pared.

Cierro la puerta. Ojala mañana comparta conmigo su breve despertar.

Mi amor

No quiero que llegue otro día, interminable y fastidioso.
No quiero que pase esta noche;
aunque sea sólo pensándote, reposo.
No quiero dejar de soñarte,
porque al despertar, veré que no estás.
No quiero sólo tus palabras.
Quiero todo lo que eres y me darás.
No quiero dormir a solas, sino saciar el ardor de mi pecho.
Quiero que llegues ahora y me ames como nadie lo ha hecho.
No quiero respirar mi propio aire, y no sentir tu olor.
Quiero tu aliento en mi boca, y que impregnes mi cuerpo con tu sudor.
Y en esta habitación, nuestra fragancia sea la que invite al amor.
No quiero que pase esta noche, porque mañana tampoco estarás.

Quiero sentirte y saber que tu muerte no es real

Conjuro tácito

Siempre estás ahí, han sido tantas las noches las que nos hemos conectado desde cada una de nuestras respectivas habitaciones, separados por cientos de kilómetros y unidos por la única ventana de nuestro Pc, que nos ha abierto un mundo desconocido y prodigioso a la vez. Vos guarecido en tu casa emitiendo un intenso calor y yo, receptora de tus ardientes caricias virtuales, desde la mía.
Ninguno de los habíamos protagonizado antes una pasión tan desenfrenada de un encuentro en vivo… y en cambio nosotros hemos hecho de cada uno de nuestras conversaciones fogosas, la mayor de las pasiones… las mejores aventuras soñadas.
Con vos, todo ha sido tan fácil, tan intenso y tan adorable, como cada una de tus caricias, que me mostrabas con tus dedos a través de tu teclado y que yo reconvertía con mis propios dedos… como si estos fueran los tuyos sobre mi piel.
Nunca antes me he sentido tan excitada, tan nerviosa, tan caliente por unas palabras descritas con esa fuerza y esa sensibilidad que desbordabas en cada una de tus conversaciones que me dejaban extasiada sobre la cama en cada noche.
Mi ventana siempre te esperaba anhelante y tú siempre la abrías descubriéndome un nuevo punto que era algo parecido a un resorte de excitación, cuando mis piernas temblaban, cuando mis labios se dilataban, cuando mis pezones se endurecían.
Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando vos llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. A veces no me creía ver a mi misma.
Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes.
Han sido muchas las sesiones de sexo desenfrenado, hasta llegar a un orgasmo ocultado, desde nuestra atalaya encubierta, para no ser escuchados y desbordar nuestras sensaciones con teclas que eran devueltas con más ardor desde el otro lado de la línea.
El morbo era máximo en cada velada,  de no conocernos en absoluto y al tiempo saber sin lógica alguna cada una de nuestras debilidades, todos y cada uno de nuestros puntos débiles. Y ese juego, nos hacía libres… vivos y especiales.
Cuántas madrugadas en vela, invisibles para los demás, silenciosos para no ser oídos, creyéndonos únicos en el mundo, imaginando como eras vos y sospechando  al tiempo como era yo para vos… formando parte el uno del otro, no solo en un encuentro carnal.

Aquel que dormía a mi lado eras vos, aunque no lo fueras realmente y aquella que cada noche abrazabas en tu cama, también era yo… en tus pensamientos, la que te devolvía siempre la misma energía y la misma exaltación que vos me entregabas.
Cada momento ha sido incrementado por más y más aventuras, que no cesaban, sino que progresaban. Me has hecho sentir muy mujer, mucho más deseada y completamente prodigada a una efusión complaciente que nos ha hecho, además… ¡tan felices!
Hemos navegado por mares tempestuosos, lugares a los que nunca partiríamos en otras circunstancias, pero nuestro secreto, nos ha permitido aventurarnos, entregarnos, soltarnos sin poner reglas, sin calcular, ni medir ninguno de nuestros perturbados actos.
Te he pertenecido de lleno en cada encuentro, y sé que vos también a mí… con esa misma fuerza y esa misma entrega, la que nos ha dejado tan buenos recuerdos y un siempre adorable sabor de boca.

No sé cuántas veces tratamos de preparar nuestro encuentro real, ese que nos acercaría para siempre, el que nos permitiría, además de leernos, además de imaginarnos… de sentirnos, también para cruzar nuestras miradas de una vez por todas.
Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones.
Estoy segura que al vernos, habríamos descubierto otras impresiones, otras muchas atracciones mutuas, sin embargo, he sido cobarde, me he dejado emocionar por mis propios impulsos y me he quedado paralizada… totalmente desconcertada y no he podido traspasar la puerta.

No quiero que sufras por esto, ni interpretes en mis palabras la duda, la confusión, la desilusión de ese encuentro soñado por ambos, pero creo, que mis visiones sobre vos quieren seguir estando en esa ventana que nos ha unido todas y cada una de estas noches mágicas… eternamente.

Pasaje

Sumergida
En la profundidad del mar
Intento llegar a la superficie
Mas no tengo fuerza suficiente
Puedo ver el reflejo del sol
Muevo mis brazos y pies
Intentando subir
No logro llegar,
Miro a un lado y otro
Buscando nada en la profundidad, solo mar
Y mis cabellos parecen sedosos
y mi cabeza siente parece explotar
y una burbuja sale de mi  boca
y sube a gran velocidad
Ya sin fuerzas, me resigno

quizás este sea mi lugar

Lunática


Hacía ya dos años me había dado la llave de su casa, ella siempre sentía que se iba a morir, que palpitaciones, taquicardias, mareos, que un avión caería sobre ella y todas las tonterías que se le ocurrían a su mente hipocondríaca. Le daba miedo imaginar que un día podía caer en la ducha o por las escaleras, y que los vecinos notarían su ausencia y encontrarían su cadáver, cuando ya estuviera en avanzado estado de descomposición.

Algo totalmente estúpido cuando toda su vida se rodeó de gente que revolotea a su alrededor como lo hacen las moscas sobre la mierda.

Ya caía la noche, entre y la encontré sentada mirando esa telenovela mexicana, toda su vida mirando esos culebrones, ¡donde las viejas pintadas como puertas viven cien años , no se mueren caídas en la ducha!

_ ¡Aquí llego María de las Mercedes madre!

Tiro el mando de la tele al diablo y de un salto se tomó el pecho.

_ ¡pero que susto me has dado hija!

Me dirigí al baño, un baño que me conocía quizás mejor que yo. La mirada que me devolvía mi reflejo me erizo la espalda. Cuando se ha acumulado tanto rencor por tanto tiempo, el mismo aire se convierte en un barro espeso que vuelve dolorosa la propia respiración.

Volví a donde estaba y seguía concentrada con la novela, sin siquiera mover mis labios me hizo un ademan para que me calle.

Fui a la cocina, ella jamás cenaba, un trozo de queso en una tabla de madera era lo único que encontré como alimento.

No le di tiempo de nada, tomé la tabla y empecé a golpear con fuerza su cabeza hasta escuchar los huesos de su cráneo quebrar

¡Vos tenes la culpa! ¡Vos mataste a mi perro! ¡Asesina!

Ella aún sorprendida, me dirige una mirada de compasión maternal y tristeza, mientras su estampado sofá se llena de sangre.

Con un hilo de voz susurra

_ Pero hija estás loca…

_ ¡Estamos mama, estamos!