Pensaré que no es en serio, te iras acercando a mi corazón lentamente
Tal vez te sueñe y sabré que ya te has quedado dentro.
Pensaré en un futuro...juntos y seguro apostarás más de lo que espere.
Harás que te necesite y sin tenerte... moriré si no te sigo
Y entonces te marcharas, como el humo que escapa de mi boca
Desesperada te buscare por los recodos del camino; Entre el fuego que sofoca, en los cuadros del olvido la pena que me toca
Pero si me esperas o si tú vuelves, indicio preciso que aún me quieres
Escribiré los más hermosos versos que aún no se han escrito.
Serás tú a quien entregue mi alma, a quien entregue mi espíritu.
Una vez más daré por sentado que nunca es en vano lo sufrido

La otra orilla


Recostada en el silencio de esta oscura habitación, esta vez no pensaré en la profundidad de tus ojos,
Este día no dedicaré minutos al recuerdo de tus manos en las mías,
Prohibiré a mi mente el pensamiento de tu rostro,
dibujando una sonrisa mientras bajas la mirada.

Sentada a la orilla de mi cama,
misma hora en que el insomnio llega puntual a tu recuerdo,
pero esta madrugada tiene un tono diferente,
hoy evitaré recordar aquella melodía que se encierra en tus palabras,
el sonido de tu voz que se cuela en mi cabeza,
las miradas que confortan al compás de una caricia.
Aunque esta noche es igual de oscura que las otras, no pensaré más en los instantes que tus besos de apoderan de mi vida. Dejaré que el corazón descanse de la angustia del recuerdo, mientras en cada palpitar construye otra poesía.
Es que hoy no necesito recordarte nuevamente,
esta noche tan oscura finalmente brilla la fortuna,
de este amor que da tregua al pensamiento,
esta noche de caricias y ternura,

eres tu quien me espera en la otra orilla.

Contar conmigo.



Contame tus delirios con mundos lejanos
Y de la muralla que separan tus deseos de mi destino
marca el camino para encontrarlo
Y prestame tu luz para seguirlo

Contame  si aún sigue en pie nuestra ofrenda
Cuando después de diez canciones,
Juramos ante nosotros pues no había nada más que valiera
Que pase lo que pase, no dejaríamos que el mundo nos envolviera

Creo que subestimamos al enemigo
Pero a pesar de los años y no sé si por nosotros o por favor divino
Aún no hemos ganado, pero tampoco hemos perdido
Y quiero que sepas que siempre podrás contar conmigo.


No soy tu esclava, no me pierdo en ti,
Nunca me pierdo, aunque mi alma ansía
Perderme como la llama en el mediodía,
Perderme como la nieve en el mar.

Estas ausente, y aún te veo
Como un espíritu hermoso y brillante,
Sin embargo soy yo quien inconstante
Anhela perderse como una luz en la luz.

Arrójame profundo en mi sentimiento,
Apaga mis sentidos, déjame sorda y ciega,
Arrastrada por la tempestad de tu amor

Soy una hoja en la premura del viento.

Sesgando la fantasía



Destellos de luz provienen de todas partes,
pero no puedo ver mi sombra.
Espero algo que me haga reaccionar y salir de este silencio que ensordece.
Intento hablar, mi lengua adormecida y mi boca pastosa,
no logro pronunciar palabra alguna. Es una cruel censura.
Y con la misma poesía que escribí este llanto 
En la censura, apareció la asfixiante narrativa
Única salida para describir el humillante ardor del vacío sin final.

Pues mi mano, en un acto de defensa, intentó sujetar los latidos del corazón. Crecían y crecían, sonaban y sonaban, se aceleraban y aceleraban pues sentía que llegaba la guadaña del destino. Cerré los ojos mientras movía mi cuerpo en un retorcido dolor para intentar escapar. Pero el sudor y unos pequeños llantos de asfixia me devolvieron a la realidad. "No había final porque el fin acababa de llegar".
Cuando la luz se tiñó de oscuridad un sonido me sobresaltó. Como si escapara hacia una nueva irrealidad. Mi cuerpo, entumecido por un frio sudor, se levantó bruscamente mientras gritaba de terror. Mi respiración acelerada se fundió con una visión borrosa buscando una salida. Necesité unos segundos que fueron interminables para reconocer una ventana y un mueble con un teléfono que sonaba sin cesar. 
La mitad de mi cuerpo volvió a caer sobre la cama mientras unas manos aliviadas se posaban en mi frente. Mis latidos se convirtieron en suspiros que salían de los labios que antes gritaban. Lentamente volví a tener paz dentro de ese cuerpo maltrecho y untado en sudor. Finalmente mis ojos se cerraron aliviados ante la nueva realidad. Acababa de despertar.

Tres puntos



Soy ese suspiro que no quieres oír.
La corriente en la que quieres nadar.
La alegría en tu suave recordar. 
Soy el sentir donde te refugias, del cual huyes,
Errante te mezclas entre el mar de tormentas,
sin atreverte a cruzar

Soy el fénix que renace,
que siente y vuela por donde caminas,
aunque no reconozcas mi aletear.
Y el silencio…
Solo encierra una verdad reflejada en tu mirar,
Y Surge una promesa ante el ocaso,
el de renacer con un sublime despertar

Darse cuenta



Sé que no soy la misma del sábado pasado
Ni soy la que mañana lunes irá a trabajar,
porque abandonamos las mudas de la piel
como quien se desnuda de sus prendas más íntimas
y echa a la ropa sucia aquel que fue.
Y en un montón de trapos, a punto de lavar,
vemos, con mucha pena,
un pañal de la infancia,
el uniforme inevitable de colegial,
la vestimenta rancia
con la que se nos hizo comulgar.
También con pena vemos
el vestido inocente con que estrenamos
nuestro primer amor,
la ropa del domingo
y la de fiesta el sábado.
Recordamos el día que estrenamos,
ilusionados en nuestra madurez,
ropaje de adulta
que nos hizo tan femeninas e impuras
frente al mundo por conquistar,
para afrontar la vida que nos tocó vivir.
Y al final, el blanco sudario

Mi poesia


A veces me viene el  entusiasmo
y vuelve la emoción de escribir poesía
igual que si tuviera ahora veinte años,
y prisa por comerme el mundo.
Pero ya no es lo mismo
porque me cuesta tanto pelear cada noche
contra el papel vacío,
mendigar una palabra que signifique algo
diferente al cansancio o al escepticismo
que alimentan mi vida.

El peor de estos días peores
será cuando acabe atrapada por una telaraña
que crece entre mis libros
regada, en mitad de una selva de letras,
por el polvo del tiempo gastado.
También los poemas son a veces
como un monstruo que me traga
que me devora viva
y mañana será domingo, por ejemplo,
y seguiré escribiendo estas u otras cosas
que es como decir
continuaré soportando esta existencia
la única quizás,
más flaca que nunca
y tan desconsolada como de costumbre,
mientras recuerdo que Borges llegó a decir
en insolente argentino
que dejar de escribir un solo día
era pecar contra el Espíritu Santo.

Luego queda ese regusto amargo
por saber si este baile con la poesía
vale para algo, porque el zapatero
piensa en lo bien que caminan sus zapatos,
y el albañil seguro de su oficio
sabe que los techos de su casa
no dan agua y refugian del frío,
pero estos versos míos tan raquíticos, tan blandos,
¿A quién dan de comer? y ¿a quién calientan

en sus peores ratos?

Sigo con inquietudes



Hace mucho tiempo tomaba una clase en la facultad sobre violencia en la literatura.
Entre las teorías que manejaba mi profesora había una que respaldaba todo el curso.
La teoría provenía de Elizondo, un escritor mexicano que decía (parafraseándolo): que la violencia es la irrupción repentina sobre algo lineal.
 Es decir una ruptura sorprendente, para Elizondo la violencia no estaba ligada a esta concatenación sentimientos mal intencionados e iracundos, sino a la alteración de orden y normatividad.
Cuando recuerdo esta teoría pienso que Elizondo estaba enfocado, de algún modo, a la frialdad y vacío del humano, que hoy en día está tan de moda. Para mi suele ser un pensamiento de salvación, algo que me permite interrumpir este hastío por la vida que a veces siento. No quiero decir que la violencia insana sea mi pro de vida: el matar, robar, hostigar etc. Sino la violencia ligada a la creación.
Veo a la creación como el llanto de un niño recién nacido: cuando los niños nacen se crean una especie de silencio que permite que se capte a plenitud su primer berrido en el mundo. Así, el nuevo ser marca su estancia rompiendo con la armonía, y al mismo tiempo da su primer aliento. Un aliento de esperanza.

En definitiva cada vez que deseo violentar mi entorno dejo de pensar en la televisión y las páginas sociales y me pongo a escribir. La escritura es el aliento que me hace existir.