Conjuro tácito

Siempre estás ahí, han sido tantas las noches las que nos hemos conectado desde cada una de nuestras respectivas habitaciones, separados por cientos de kilómetros y unidos por la única ventana de nuestro Pc, que nos ha abierto un mundo desconocido y prodigioso a la vez. Vos guarecido en tu casa emitiendo un intenso calor y yo, receptora de tus ardientes caricias virtuales, desde la mía.
Ninguno de los habíamos protagonizado antes una pasión tan desenfrenada de un encuentro en vivo… y en cambio nosotros hemos hecho de cada uno de nuestras conversaciones fogosas, la mayor de las pasiones… las mejores aventuras soñadas.
Con vos, todo ha sido tan fácil, tan intenso y tan adorable, como cada una de tus caricias, que me mostrabas con tus dedos a través de tu teclado y que yo reconvertía con mis propios dedos… como si estos fueran los tuyos sobre mi piel.
Nunca antes me he sentido tan excitada, tan nerviosa, tan caliente por unas palabras descritas con esa fuerza y esa sensibilidad que desbordabas en cada una de tus conversaciones que me dejaban extasiada sobre la cama en cada noche.
Mi ventana siempre te esperaba anhelante y tú siempre la abrías descubriéndome un nuevo punto que era algo parecido a un resorte de excitación, cuando mis piernas temblaban, cuando mis labios se dilataban, cuando mis pezones se endurecían.
Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando vos llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. A veces no me creía ver a mi misma.
Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes.
Han sido muchas las sesiones de sexo desenfrenado, hasta llegar a un orgasmo ocultado, desde nuestra atalaya encubierta, para no ser escuchados y desbordar nuestras sensaciones con teclas que eran devueltas con más ardor desde el otro lado de la línea.
El morbo era máximo en cada velada,  de no conocernos en absoluto y al tiempo saber sin lógica alguna cada una de nuestras debilidades, todos y cada uno de nuestros puntos débiles. Y ese juego, nos hacía libres… vivos y especiales.
Cuántas madrugadas en vela, invisibles para los demás, silenciosos para no ser oídos, creyéndonos únicos en el mundo, imaginando como eras vos y sospechando  al tiempo como era yo para vos… formando parte el uno del otro, no solo en un encuentro carnal.

Aquel que dormía a mi lado eras vos, aunque no lo fueras realmente y aquella que cada noche abrazabas en tu cama, también era yo… en tus pensamientos, la que te devolvía siempre la misma energía y la misma exaltación que vos me entregabas.
Cada momento ha sido incrementado por más y más aventuras, que no cesaban, sino que progresaban. Me has hecho sentir muy mujer, mucho más deseada y completamente prodigada a una efusión complaciente que nos ha hecho, además… ¡tan felices!
Hemos navegado por mares tempestuosos, lugares a los que nunca partiríamos en otras circunstancias, pero nuestro secreto, nos ha permitido aventurarnos, entregarnos, soltarnos sin poner reglas, sin calcular, ni medir ninguno de nuestros perturbados actos.
Te he pertenecido de lleno en cada encuentro, y sé que vos también a mí… con esa misma fuerza y esa misma entrega, la que nos ha dejado tan buenos recuerdos y un siempre adorable sabor de boca.

No sé cuántas veces tratamos de preparar nuestro encuentro real, ese que nos acercaría para siempre, el que nos permitiría, además de leernos, además de imaginarnos… de sentirnos, también para cruzar nuestras miradas de una vez por todas.
Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones.
Estoy segura que al vernos, habríamos descubierto otras impresiones, otras muchas atracciones mutuas, sin embargo, he sido cobarde, me he dejado emocionar por mis propios impulsos y me he quedado paralizada… totalmente desconcertada y no he podido traspasar la puerta.

No quiero que sufras por esto, ni interpretes en mis palabras la duda, la confusión, la desilusión de ese encuentro soñado por ambos, pero creo, que mis visiones sobre vos quieren seguir estando en esa ventana que nos ha unido todas y cada una de estas noches mágicas… eternamente.

Pasaje

Sumergida
En la profundidad del mar
Intento llegar a la superficie
Mas no tengo fuerza suficiente
Puedo ver el reflejo del sol
Muevo mis brazos y pies
Intentando subir
No logro llegar,
Miro a un lado y otro
Buscando nada en la profundidad, solo mar
Y mis cabellos parecen sedosos
y mi cabeza siente parece explotar
y una burbuja sale de mi  boca
y sube a gran velocidad
Ya sin fuerzas, me resigno

quizás este sea mi lugar

Lunática


Hacía ya dos años me había dado la llave de su casa, ella siempre sentía que se iba a morir, que palpitaciones, taquicardias, mareos, que un avión caería sobre ella y todas las tonterías que se le ocurrían a su mente hipocondríaca. Le daba miedo imaginar que un día podía caer en la ducha o por las escaleras, y que los vecinos notarían su ausencia y encontrarían su cadáver, cuando ya estuviera en avanzado estado de descomposición.

Algo totalmente estúpido cuando toda su vida se rodeó de gente que revolotea a su alrededor como lo hacen las moscas sobre la mierda.

Ya caía la noche, entre y la encontré sentada mirando esa telenovela mexicana, toda su vida mirando esos culebrones, ¡donde las viejas pintadas como puertas viven cien años , no se mueren caídas en la ducha!

_ ¡Aquí llego María de las Mercedes madre!

Tiro el mando de la tele al diablo y de un salto se tomó el pecho.

_ ¡pero que susto me has dado hija!

Me dirigí al baño, un baño que me conocía quizás mejor que yo. La mirada que me devolvía mi reflejo me erizo la espalda. Cuando se ha acumulado tanto rencor por tanto tiempo, el mismo aire se convierte en un barro espeso que vuelve dolorosa la propia respiración.

Volví a donde estaba y seguía concentrada con la novela, sin siquiera mover mis labios me hizo un ademan para que me calle.

Fui a la cocina, ella jamás cenaba, un trozo de queso en una tabla de madera era lo único que encontré como alimento.

No le di tiempo de nada, tomé la tabla y empecé a golpear con fuerza su cabeza hasta escuchar los huesos de su cráneo quebrar

¡Vos tenes la culpa! ¡Vos mataste a mi perro! ¡Asesina!

Ella aún sorprendida, me dirige una mirada de compasión maternal y tristeza, mientras su estampado sofá se llena de sangre.

Con un hilo de voz susurra

_ Pero hija estás loca…

_ ¡Estamos mama, estamos!

Vomitiva neutralidad




En estos días me han tocado sortear entre las tormentas de mis océanos internos. De un sin avisar me llegaron oportunidades. Y eso de tener que tomar decisiones así en dos minutos es no solo difícil, sino hasta doloroso. Te dueles y te apenas por ser una pobre diabla que no sabe decidir lo que será de su futuro próximo o lejano.

Como consuelo (como hace toda idiota), me imagino que a todos nos sucede así cuando nos llegan de golpe tantas cosas, buenas, malas y las peores.

Lunes…no, ¿era miércoles?, no, seguro fue el martes, venía de regreso del trabajo como cada tarde, con el calor inmundo que ha hecho estas tardes empapando mi falda que se pegaba a mi culo inevitablemente. El paisaje urbano que poco a poco se va convirtiendo en rural me venía prodigando un poco de calma a especie de caricia muy necesitada. Ver grandes llanos verdes y uno que otro animalillo pastando, me devolvía al mundo donde habitan todos los demás.

Por eso decidí mudarme hasta acá, aunque mi camino al trabajo se haya alargado, no importa, mis tardes, de hecho mis días siguen antojándoseme tan largos que ¿Qué más da?

El casi inservible autobús en que venía se detuvo como lo hace mil veces a lo largo del camino para subir o bajar gente, cuando mi mirada perdida se posó sobre un pobre muchacho. Era muy joven, quizá unos veintitantos o treinta años, tirado en el suelo incómodamente, la mitad sobre la acera y la otra abajo. En los escasos segundos que duró la parada del autobús en aquella esquina, pude notar que el chico sufría un ataque

No estaba mal vestido ni sucio, tenía el cabello recién cortado, seguramente se había afeitado por la mañana. Junto a él se encontraba una mochila de lona color negra con vivos en rojo.

Sus jeans mostraban una fresca mancha de orina. Y el pobre joven sufría leves convulsiones mientras sus ojos se perdían hacia atrás.

Las personas pasaban a su lado sin siquiera mirarlo, seguro pensaban que se trataba de un inmundo borrachín que en lugar de estar trabajando para alimentar a sus hijos, se había ido a la pulquería del lugar a hincharse hasta caer sobre la acera tan indecorosamente.

No pude creer que nadie se acercara a prestarle auxilio, que nadie pudiese notar la diferencia entre un chico de clase trabajadora y un borracho mal oliente.

Si no fuese yo quien notó lo evidente, si yo fuese otra.

Hubiese parado el autobús para brincar y ayudar al joven, pero para su mala suerte, la única observadora abordo es una cobarde, que no tiene ni puta idea de que hacer con su propia vida.

No hay manera alguna de escapar al destino



Sofía necesitaba escapar de amores tóxicos, de mentiras, de manipulaciones, de engaños, de tanta dependencia, de los hombres equivocados. Necesitaba vivir por ella misma, quererse, gustarse, no necesitar. Por eso decidió pasar unos días a otra ciudad. Un lugar para perderse entre caras desconocidas, calles estrechas, que le devolvieran las ganas de hacer cosas, de interesarse por otras cosas.

Lucas estaba agotado, vacío de amores intrascendentes, de historias sin finales felices ni tristes, de historias de amor que ni siquiera empezaban. El miedo a amar, la imposibilidad de entregarse a una persona era su obstáculo para sentir esa ansiedad del amor que te mantiene vivo. Por eso decidió pasar unos días en otro lugar. Un lugar para perderse entre en sus pensamientos en donde dejar enterrados sus miedos y empezar una nueva vida.

Y entonces ambos se encontraron para vivir una historia de amor tan breve que nadie se dio cuenta. Sofía estaba sentada, con los pies descalzos, contemplando ese atardecer precioso que se manifestaba mientras sus pies rozaban aquel césped, pensando, con la mirada perdida en no se sabe qué recuerdos.

Lo que él vio mientras se acercaba fue a la mujer más maravillosa esparciendo melancolía. Solo atino a sonreír... Tardó un instante en volver con la misma sonrisa de antes y se sentó a su lado, Ella desvió la mirada porque sus sentidos le dieron la voz de alarma cuando él la rozó. Y así juntaron sus miradas y luego sus bocas en un beso que los transporto por dentro.

Un beso entre dos desconocidos que se necesitaban urgentemente. Ninguno de los dos quería separar sus labios del otro, sintiendo cómo los temores desaparecían, cómo las inseguridades se convertían en confianza, disfrutando del placer sin obstáculos. Y así estuvieron una eternidad. Una eternidad que duró el tiempo que dura un beso.
Nos dijimos adiós.
La tarde estaba
llorando nuestra despedida.
Nos dijimos adiós tan simplemente
que pasó nuestra pena inadvertida.



No hubo angustia en tus ojos
ni en mis ojos.
No hubo un gesto en tu boca
ni en la mía.
Y, no obstante, en el cruce de las manos
calladamente te dejé la vida.



Fuiste valiente con tu indiferencia
y fui valiente con mi hipocresía,
nos separamos como dos extraños
cuando toda la sangre nos unía.

El método


No se podía sostener en pie, pero sacaba una fuerza titánica para lograr su objetivo: salir de esa jaula que lo había tenido prisionero durante tanto tiempo.
¿Cuánto llevaba allí?, tampoco recordaba con exactitud la cara de las personas que llegaron con él, entre diez  hombres y mujeres jóvenes con los que fue encerrado durante dos días y dos noches. Cuando al tercero los confinaron en diferentes habitáculos oscuramente acristalados, comenzó el suplicio. Los primeros días podía escuchar los alaridos de dolor de una mujer que debía estar situada en la celda contigua, eran desgarradores, seguidos de suplicas, susurros y todo desaparecía.
Creo que solo quedábamos pocos, y hombres, aun en esta agonía reconocería el sollozo de una mujer, aunque nos volvimos tan vulnerables…
Entraban en las jaulas de maneras distintas, unas veces con instrumentos químicos de tortura, capaces de provocar un sufrimiento extremo sin dejar señal física. Otras, en cambio, nos propinaban una brutal paliza con los puños desnudos, o se entretenían hurgando en nuestras zonas más sensibles con diferentes objetos cortantes y punzantes. A hombres y mujeres, daba iguale, éramos  ultrajados por personas y objetos de diferente sexo y naturaleza, con violencia inusitada en la mayoría de las ocasiones.
Las drogas que nos suministraban hacían que los tiempos entre cada sesión parecieran hacerse eternos, intentaba contabilizar los segundos para no pensar, poner la mente en blanco para huir de las alucinaciones, pero el mínimo crujido me provocaba otra taquicardia, el terror se apoderaba de mi mente y solo sus lamentos y súplicas podían aplacar mi propio miedo.
Confusos dos días de absoluto silencio, solo mi respiración escuchaba.
La última vez que se abrió la puerta, nadie entró. Me acerco tembloroso hasta el final del pasillo y abrió una segunda puerta, una potente luz azulada cegó mis ojos al tiempo que, entre gritos y aplausos, escucho aquella voz femenina dirigirse a mí por megafonía:
Game  over. Congratulations


Quimera


Fractura cualquier dimensión
Has de nuestro amor
lo más universal y dual
Que Dios nos destierre,
Siempre penétrame
para ser eternamente tuya.
En la turbación
entra un juego secreto
en los pensamientos
tu cuerpo fundido al mío
Cópula de mi imaginación.
Has encendido el deseo maldito
que mi cuerpo empieza
a temblar,
Puedo verme en tus ojos
sentir la respiración
llamando a tu sexo
La niebla se esparce
Tu silueta aparece,
La lujuria se engendra
entre mis muslos mojados

Quejido, mi gemido atenuante
en la excitación y al borde
El orgasmo llama la eyaculación.
Tinto veneno
de nuestra pasión
bebiendo de ella en cada sesión,
La fotografía es aún más orgásmica
Limita la censura, cubre la fantasía
que la seducción más abstracta
jamás ha sido fingida
El castigo expandido
por la yema de tus dedos
Conságrame con el pecado
más exhausto y venidero
de la ruptura de tus besos.
Condiciona mi locura
Que el milagro de tenerte
no solo sea un sueño más,
Que al amanecer sean tus brazos
la ropa que me cubra.
Que dormir en tu pecho
sea la caricia más profunda
Imploro tu sudor se interne
por los poros de mi piel
Tu dosis es un misterio
Soy adicta del sexo
que has abierto para mí
entrega divina sensibilidad
y despójame de todo el pudor
Perviérteme sin compasión
Viérteme hasta el fondo
Muerde mi corazón
Hazme agonizar en ti
hasta que la luz se pierda
en una convulsión sin fin.

Piel de porcelana


Sara y su madre paseaban cuando la niña vio en una casa de antigüedades una muñeca de porcelana que le hipnotizo, era diferente a las demás, le faltaba un brazo, pero tenía un vestido hermoso y su cara de porcelana y sus oscuros ojos hicieron que la niña suplicara por esa muñeca.

Sara tenía sólo siete años y medio, pero ella podía tener todo lo que le gustaba gracias a su mirada de pena que les ponía a sus padres. Esa misma noche, la pequeña tuvo dificultades para dormirse ya que sólo pensaba en su futura nueva muñeca. Incluso si tenía un brazo menos, era la muñeca de porcelana más bonita que había visto nunca. Ella tenía muchas, pero esa iba a ser la más bonita de su colección.

A la mañana siguiente, Sara desayunó viendo sus dibujos favoritos, como cada mañana. Había soñado tanto con su muñeca que tenía sueño, estaba cansada y ya no quería esa muñeca. Ya no le gustaba. Así que pasó el día jugando con otras cosas y no le recordó a su madre que tenían que ir a por la muñeca, porque ya no la deseaba.

Llegó la noche y Sara fue a acostarse al piso de arriba. Ella tenía miedo de estar arriba sola, así que su madre subía con ella y se ponía en la habitación de al lado a coser. Una media hora más tarde de haberse acostado, una voz aguda despertó a la niña susurrándole al oído: "Subo 1, 2, 3 escalones..." La pequeña Sara gritó asustada llamando a su madre: "Mamá, hay alguien en la escalera que hace ruido" Su madre la tranquilizó diciendo que no había nada en absoluto. En cuanto la madre abandonó la habitación, Sara volvió a oír ese susurro que le dijo "Subo 4, 5, 6 escalones..." De nuevo Sara llamó a su madre. Su madre le volvió a contestar que se tranquilizara, que sería el ruido del frigorífico.

Pero la pequeña voz continuó subiendo las escaleras: "Subo 7, 8, 9, 10 escalones y ya estoy en el pasillo", repitió la pequeña voz con una risa sarcástica.

A la mañana siguiente, la madre de Sara se sorprendió de despertarse antes de ella. Pero pensó en las dificultades que había tenido para dormirse y pensó que estaría cansada. Pero transcurrida una hora le pareció raro que aún no se hubiera despertado, por lo que subió a ver cómo estaba su hija. La madre gritó con terror viendo a su hija ahogada en su propia sangre y apuñalada más de 17 veces, con el brazo arrancado y viendo a esa pequeña y adorable muñeca de la tienda de antigüedades con el brazo de su hija como sustituto del suyo.