Enmienda

Sera que los años que vivimos van tatuados, va tatuada la pena...
Yo seré para vos cuando me vaya
el mar, la luz, la música y la aurora.
vos serás para mí cuando te vayas
el mar, la obscuridad, la muerte y las tinieblas.
Mar en tus ojos hay, musgo en los míos
Ansia de vivir habrá en tus ojos
ansia de morir habrá en los míos
Habrá luz en tus ojos, música y aurora
Habrá amor en tu alma, alegría seductora
Quisiera no tener memoria

convertirme en el piadoso polvo para escapar a la condena de mirarme.

Espasmo

Misticismo secreto
se cuela entre el vestíbulo
de mis muslos;
permutan las facciones
de mis pechos;
la dermis escribe
versos de sudores
excitados y el encaje
de mi cintura aprecia la lluvia.
Mi aurora despliega
entreabierta,
lenguas de fuego
inflamando el cetro
de mi placer absoluto.
Esquivo los postigos
de la oscuridad,
buscando el retorno
de mis dedos ansiosos
en medio de un desasosiego
que electrifica
cada pliegue de mi cuerpo.
Con sonoros gemidos
saboreo mi boca,
arqueando mi fragilidad
y el Universo

resuena a unos centímetros de ti.

Melancolía

Abatida por  despertares sin preaviso ni protesta,
sin paciencia ni alegría, sin más paz que mi fealdad;
ya los sueños no son más que un ayer desvanecido;
ya no creo en avatares, ni en promesas ni en silencios
sólo creo en lo que veo
y lo que veo no es real...
Voy cayendo en picada sin saber de dónde vengo,
sin saber si lo que soy es tan sólo un sueño extraño,
o es apenas el botín de un pirata del pasado,
o es que acaso el bucanero es aliento del futuro
un futuro que se ahoga al volcarse hacia el presente,
un futuro apaciguado
lacerado y oprimido,
un futuro silencioso, casi mudo, derruido
en contraste tan confuso que semeja al caos fractal.
Voy volcando pesadillas para goce de este mundo
donde todo lo premiado es premiado por maldad,
y los héroes son caudillos que desmiembran o verdugos
que ejecutan sus sentencias sin cuartel y sin piedad.
Voy besando mis recuerdos sin saber si es que son míos
o prestados o comprados o tomados al azar.
Voy bebiendo de la vida lo poquito que me otorga
y sedienta voy llorando lo que nunca quise dar.
Y no queda más remedio que seguir la misma senda
y cargando con el cuerpo que me sirve de prisión

ir pagando los pecados que son míos y no son

Cólera

En un lujoso restaurante de aquella pequeña ciudad, se celebrara la boda que siempre había soñado Daniela.
Con su bello vestido blanco y del brazo de su amado Javier, entraban en aquel salón, más de cien personas aplaudían de pie, emocionados. Ubicados en mesas ordenadas en medio circulo, con la mesa de los novios en la cabecera, el ovalo que quedaba al medio era para luego bailar.
Mientras tanto, en una casa a pocas calles de aquel lugar, una dama, vestida con un largo y sinuoso vestido negro que resaltaba su perfecta silueta, frente al espejo, coloco una capelina negra, dibujo media sonrisa en su rostro y salió.
En la fiesta, la música, los murmullos, las risas, todo invitaba al festejo del broche de oro de la relación de Daniela y Javier, luego de tantos años juntos…
Bailaron el vals... el la besaba, ella se sentía feliz, el la miraba embobado…

Angustia

Recostada en la cama, la pereza invadía su cuerpo…la delicada mano que acariciaba su espalda se transformó, de golpe, en un temblor glaciar que le recorrió el cuerpo. No atinó a darse vuelta.
Prefería la siempre traicionera paz de la ignorancia.
La absurda certeza de estar sola en esa desconocida casa, era lo único que la mantenía con vida.
El aliento se le escapaba en pequeños sonidos. Sudor, pánico, terror. Si giraba la cabeza se sabía perdida.
Mejor esperar lo inevitable con el corazón en lágrimas y la vista tan temblorosa fija en su almohada
Sólo entonces se opuso a la verdad. Giró lentamente la cabeza y descubrió,

Con el terror de una presa, su reflejo solitario, en un viejo espejo.

Integridad

Aquello que sacude nuestro corazón es nada más y nada menos que momentos preciosos y sencillos que llenan de goce y satisfacción nuestras vidas. Esos pedacitos de tiempo y espacio que se atesoran en el fondo del ser y que nos ayudan a ser felices. El deleite de los sentidos en todos los ídem, valga la redundancia. Vista, oído, olfato, gusto, tacto. Hedonismo en estado puro, pero hedonismo bien entendido.
… un café con leche recién hecho…
… una caricia todo a lo largo de la espalda…
… la risa de un bebé…
… el cielo gris y la luz de otoño…
… el aroma del jazmín en primavera…
… chocolate amargo…
… el tacto de la hierba húmeda en los pies descalzos…
… una buena conversación sobre cualquier cosa interesante, trascendente o mundano…
… la hipnosis que produce ver dormir a tu hijito, imagen viva de la placidez,

… la luz del amanecer entrando por la ventana, la brisa refrescante, cortinas blancas, el susurro del mar, el abrazo del ser amado… (Esta es el colmo del placer, para mi gusto)

Tu


Íntimos, tantos años
Disfrutando resabios de días juntos,
suavidad de caricias candentes,
liberan, indecentes propuestas azules
en la victoria con que tu ausencia
me visita en esa permanencia

que aguardo hasta que te vienes.

Ira

Desordenados y atónitos, la sangre aún se puede regar de aquellos que te hicieron mendigar. Vístete de gala y excita las llamas. Siéntate en el trono y viaja en el desprecio. ¡Ya nunca verás otra alborada! Deslumbrante ser, perecerás en las tinieblas. ¡Adelántate y cierra la puerta! Porque la horrible multitud ríe. Ya que gracias a ti, la sonrisa ha muerto.


Maldita sobriedad


No es tan venenoso, ya: también caduca
el amor en la fecha señalada en su dorso.
Ya no es ese cianuro
tan eficaz, ni acaso necesaria
la urgente sobredosis. Qué cualidad letal
la del amor filtrado en la memoria.
Regreso a las palabras y compruebo que nunca
se contagian o enferman con las fases
de mi intoxicación o mi delirio.
Siempre más sanas, siempre
a punto de ser dadas de alta y de dejarme
un poco más enferma. Y nunca simultánea
he sentido la fiebre en mi otro cuerpo,

el que tiene por vísceras palabras.