Paredes angostas me llevan por un oscuro pasillo.
Las palmas de mis manos las empujan, como si apartarlas quisiera.
Sigo a paso firme, aquello cada vez más estrecho. Apuro el paso.
Las paredes ya chocan mis hombros…lastiman.
Camino de costado, está cerca el claro…es una luz tenue.
Cuesta respirar; me estiro, aquello raspa, aprieta.
Con el dedo índice logro aferrarme al final de la pared.
Salgo, herida…como puedo.
Y allí, la nada misma; un espacio infinito, un resplandor azulado.
Mis pequeños pies apenas caben en aquel borde.
No puedo volver.
Aquellas dos moles de piedra se fusionaron tras de mi…
Respiro hondo. Me dejo caer