Fastidio

No quiero crear nada más, absorbidoa por el mundo y sus ideas; sus medios y sus monopolios. Me niego a ser parte de algo que no me satisface. No voy a dar un paso atrás o al costado, me detengo, pues me quiero proclamar libre y no puedo, se que no voy a poder, pero al menos voy a intentarlo.

La televisión, eterna enemiga, constantemente apagada como un muerto que me mira insomne, tentador y locuaz. No la quiero más. Mis manos constreñidas en temblores se rehusan a acabar con ella.

¿Que he sido en este tiempo? Es una pregunta que me hago siempre. No se tampoco que soy ni que seré, tan perdida estoy.

Mi radio, mi amiga, mi compañera fiel de horas y días, de toda la vida: chirría insensata desde hace días, tampoco ella me interesa.

Es que he perdido el gusto por las cosas banales. ¿No tengo lo que quiero, entonces no quiero nada?

Hablaré también de Internet, mi pequeña dependencia, no la puedo evitar. Si pudiera también acabaría con ella. Y no puedo, me someto con la cabeza baja mirándome pasar siguiendo la corriente. No se nadar a contracorriente, no lo se. Sólo me compadece saber que no soy la única. Camino zombie perdida entre zombies de rostros triste.

No encuentro nadie que me saque del lugar donde estoy y sola no puedo salir.
Todos somos poetas, poetas de la nada, de la melancolía perpetua.