...y entonces llega el ocaso
La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Se ilumina mi alma y se templa mi cuerpo.
Y las manos, mis manos colmadas de destinos
secretos y alhajadas de anillos de misterio...
Hay manos que nacieron con guantes de caricia;
manos en que se siente un puñal nunca visto,
manos recurrentes en mis extraños sueños...
Con tristeza de alma,
se doblegan los cuerpos
sin velos, vestidos de deseo.
Mis ojeras y esta extraña palidez que logre sin saberlo,
escrutan la distracción de tus ojos, que ya no ven como yo quiero
mi pena enlutará la alcoba lentamente,
y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo,
Y en el silencio ahondado de tiniebla,
y en la tiniebla ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse
nuestro error y el destino incierto-