No todos los días son normales



El viento frío de la mañana traspasaba los cristales empañados, la luz blanca del día nublado, le obligaba a abrir los ojos, recordándole la soledad y que se le hacía tarde para ir al trabajo, otro día de tediosa rutina se vislumbraba.
Elena se sentó flojamente sobre la cama, se levanto y comenzó su día. Encendió su televisor mientras preparaba algo para desayunar, en las noticias muerte, corrupción y desastre, habitual del día a día. No presto mucha atención a lo que decían, respecto a la desaparición de jovencitas, que había aumentado en los últimos meses, apago el televisor, cuando se acabó de duchar y se dispuso a salir a toda prisa.
El día laboral se extendió y tuvo que quedarse hasta tarde a terminar unos pendientes, cuando salió de la oficina las calles estaban casi desiertas, ya muy pocos transeúntes se veían por la avenida, descendió por la escalera y abordo el metro. Se sentó, se acomodo los audífonos y se dispuso a leer un libro.
En la estación siguiente cuando el vagón se detuvo, abordaron dos tipos, vestidos de negro, y estos traían consigo lo que parecía ser una muñeca sexual, vaya cosas que se ven a estas horas, pensó Elena; quien volvió la mirada hacia su libro sin prestar más atención a la escena que se desarrollaba en frente, sin embargo comenzó a sentirse incomoda, y dirigió la mirada una vez más hacia los extraños, notó que uno de ellos la miraba fijamente sonriendo de manera que le parecía poco usual, le dio muy mala espina.
Cuando un sujeto que vino de la parte trasera del vagón se acerco a ella y le susurró al oído, si quieres seguir con vida, baja conmigo en la siguiente estación, escuchar estas palabras le heló la sangre, erizó la piel y provocó un nudo en la garganta, que no tuvo más que seguir las indicaciones de este sujeto y ambos descendieron del metro.
Cuando bajaron, Elena miro sorprendida al tipo que la acompañaba y que tan solo hace un instante le acababa de amenazar, el sonrió y dijo –Perdón si te he abordado de esa manera, mi nombre es Martín, soy un investigador policiaco, y trabajo en un caso, sigo el rastro de las misteriosas desapariciones de varias jóvenes en los últimos meses que han incrementado estos días, y parece que los tipos que estaban con nosotros en el vagón están demasiado involucrados, y me temo señorita que te han elegido-, ¿cómo que me han elegido? pregunto Elena; créeme, esas personas no miran con detenimiento a nadie al azar, al encontrarte, creo que han encontrado a su siguiente creación, ahora es mejor ponerte a salvo y ambos salieron de la estación hacia las calles.
Elena era una chica nerviosa, las palabras de Martin la pusieron alerta. Martin la invito a subir a su auto, dime donde vives, te llevaré a casa, bien, subieron y comenzó a narrar –Es inquietante lo que los humanos son capaces de hacer a sus semejantes, en tantos años de carrera, me ha tocado presenciar cosas retorcidas, sin embargo esto, me parece tan mórbido y asqueroso, quiero terminar cuanto antes este caso, si puedo ponerte a salvo será un gran avance. Las pistas que hemos seguido respecto a los crímenes de estas personas, nos llevaron a descubrir que se trata de una red de tratantes de blancas, lo aterrador de esto Elena, es que no es una red cualquiera, estos malditos, modifican a sus víctimas a modo de que las jovencitas que han secuestrado, las convierten en muñecas sexuales vivientes, si te lo preguntas ahora mismo, estás en lo correcto, la aparente muñeca que llevaban esos tipos, era en realidad, una joven, que al parecer aún estaba con vida. Ellos negocian con ellas, las venden y las demandas van en aumento, es importante detenerlos cuanto antes.
Elena sintió un vuelco en el corazón, y entonces cuando llegaron a donde ella vivía Martin la miro fijamente necesito de tu ayuda, estoy seguro de que no tardarán en buscarte, pero tranquila, no voy a dejarte sola, estaré vigilando toda la noche, sin embargo necesito que me guíes hasta ellos Elena salió del auto, estaba aterrada y al parecer sola, no tenía más que acatar las órdenes de Martin, no podía llamar a la policía, aún no ocurría nada, y cuando ocurriera iba a estar sola y sin poder defenderse, le quedaba confiar en él, entró a la casa e intento dormir.
Eran cerca de las 3:35 a.m. cuando escuchó uno de los cristales de alguna ventana romperse, se paro descalza, intentando no hacer ruido, salió de su habitación ¡que se joda ese policía! Pensó, yo me largo y quiso correr hasta la puerta, cuando sintió un ardor inmenso en la nuca, y un dolor intenso en la cabeza, y cayó al suelo.
Despertó en una habitación obscura, apenas iluminada por tenue luz roja, la mesa era fría, rígida, era una plancha de metal, con manchas que ignoraba que eran, cinturones de cuero sujetándola de muñecas y pies, miro a su alrededor, de la pared mascaras de caucho, manos, piernas, senos, pelucas, intento librarse, tres hombres entraron a la habitación, hola muñeca, saludo uno de ellos , no te preocupes todo estará bien, entonces escucho un grito horrido, giro la cabeza hacia arriba, y miró cómo a una joven le ponían una de las mascaras que había mirado, y cubrían el resto de su piel con un liquido blanco que al parecer estaba algo caliente, olía un poco a piel quemada, le inyectaron una sustancia y al poco tiempo la joven se quedo callada, inmóvil –Otra muñeca para la colección- celebro un viejo. Elena comenzó a gritar y a forcejear frenéticamente.
La puerta de la habitación se abrió, un escuadrón de las fuerzas especiales entro, Martin se acerco a Elena y le dijo: tranquila, has hecho un buen trabajo al fin estos cerdos se pudrirán en la cárcel