Sesgando la fantasía



Destellos de luz provienen de todas partes,
pero no puedo ver mi sombra.
Espero algo que me haga reaccionar y salir de este silencio que ensordece.
Intento hablar, mi lengua adormecida y mi boca pastosa,
no logro pronunciar palabra alguna. Es una cruel censura.
Y con la misma poesía que escribí este llanto 
En la censura, apareció la asfixiante narrativa
Única salida para describir el humillante ardor del vacío sin final.

Pues mi mano, en un acto de defensa, intentó sujetar los latidos del corazón. Crecían y crecían, sonaban y sonaban, se aceleraban y aceleraban pues sentía que llegaba la guadaña del destino. Cerré los ojos mientras movía mi cuerpo en un retorcido dolor para intentar escapar. Pero el sudor y unos pequeños llantos de asfixia me devolvieron a la realidad. "No había final porque el fin acababa de llegar".
Cuando la luz se tiñó de oscuridad un sonido me sobresaltó. Como si escapara hacia una nueva irrealidad. Mi cuerpo, entumecido por un frio sudor, se levantó bruscamente mientras gritaba de terror. Mi respiración acelerada se fundió con una visión borrosa buscando una salida. Necesité unos segundos que fueron interminables para reconocer una ventana y un mueble con un teléfono que sonaba sin cesar. 
La mitad de mi cuerpo volvió a caer sobre la cama mientras unas manos aliviadas se posaban en mi frente. Mis latidos se convirtieron en suspiros que salían de los labios que antes gritaban. Lentamente volví a tener paz dentro de ese cuerpo maltrecho y untado en sudor. Finalmente mis ojos se cerraron aliviados ante la nueva realidad. Acababa de despertar.