El bosque gris

Inadvertida paso por la ciudad
como un fantasma pasa por la casa,
que le sirvió de hogar y miro,
como la fría daga que no siente nada,
las líneas paralelas de las calles,
el doble sentido de las palabras,
la dualidad del mundo.

La doblez en el uso acostumbrado.
Las parejas errantes
que, en acopio de besos,
se embriagan entusiastas
de tardes y deseos,
entre las geometrías infinitas
y el murmullo del tiempo.

Y me vuelvo hacia adentro
a este apacible existir solitario.