MI MUERTE

Había una vez  una mujer que poseía una pasión tan ardiente que podía incendiar una ciudad entera. Era romántica, viva. Sin embargo, nadie estuvo a su lado para darle calor.
 El frío fue devorándola lentamente por dentro. Primero, la llama latente en su interior se consumió. Después se helaron sus huesos, impidiéndola salir de la cama. Finalmente, su sangre se volvió sólida como el hielo y su corazón dejó de latir.
Murió sola, mientras el gélido aliento de la madrugada acariciaba su rostro, sin que nadie llegara a conocer el calor que ella ansiaba compartir.