En boca cerrada no entran moscas

 

Al señor  Larriaga le gustaba sentarse en la puerta de su casa y parlotear durante horas con los vecinos......En realidad siempre había sido bastante chismoso, pero como comprenderán ahora que estaba viejo y solo, lo era aún más...Así fue, como esa mañana, puso su silla en la acera y se dispuso a conversar con cuanta persona pasara por allí. Y la verdad es que era una hora bastante propicia para tales menesteres, ya que a esa hora, muchas mujeres pasaban aburridas rumbo al mercado y una buena charla les caía a pelo...Así fue que  conversando se le pasaron las horas a nuestro buen amigo, pero también  la lengua, porque empezó a hablar de su hija Irene que vivía en el pueblo vecino y que había heredado todo el dinero de su difunto hermano....Sí pues, su hermano, un hombre muy trabajador y dedicado, le había dejado todo su dinero ...Que por cierto no era poco “Y a mí ni un centavo me dejó el muy maldito” , concluyó Larriaga acalorado...Lo que no contó Larriaga era que su hija lo había cuidado durante años con devoción y cariño mientras él apenas si lo visitaba en algunas festividades y solo por compromiso... No lejos de allí dos ladrones, bien instalados entre los arbustos, lo escuchaban atentamente.
Y esa misma noche, mientras Larriaga dormía plácidamente en su cama; los ladrones se aparecieron en su cuarto y lo obligaron a vestirse y acompañarles...”Ahora vienes con nosotros viejo chismoso “le dijeron y lo llevaron a rastras con ellos a través del bosque hasta el pueblo vecino...
Ya amanecía cuando llegaron a su destino y tomaron una habitación en una fonda de mala muerte,  refugio de parias y delincuentes…. Ya instalados en su habitación, los ladrones se enfrascaron en una acalorada discusión sobre cómo llevar a cabo sus planes, hasta que finalmente decidieron cortarle un dedo al anciano y llevárselo a su hija, para que les pagara  un rescate por el viejo…Luego de cortarle el dedo  al pobre Pierrot  lo  envolvieron  en una tela basta y se dirigieron a la residencia de la susodicha hija...En la puerta un empleado les recibió el paquete y los invitó a esperar la respuesta... Luego de un rato interminable de espera el empleado regresó con la noticia de  que la señorita no les creía nada;  que eran unos farsantes y mentirosos y que mejor se largaran antes que viniera la policía... Furiosos los ladrones regresaron a la fonda y se pusieron a discutir sobre la nueva táctica a seguir; para sacarle plata a la hija, mientras Larriaga yacía en un rincón todo adolorido y maltrecho… Por fin los ladrones decidieron ser más drásticos y cortarle una mano…Y así fue que con la mano ensangrentada y metida en una bolsa de yute, se pusieron de nuevo en camino hacia la casa de la hija…Pero esta vez recibieron la misma respuesta “Puede ser la mano de cualquiera, así que vayan con su cuento a otro lado” y diciendo esto el empleado les soltó a los perros que les dieron un buen susto…
Pasaron varios días y una tarde le llegó a la hija un nuevo paquete, pero esta vez contenía la cabeza de su padre…Ante tal espectáculo la mujer enmudeció y nunca, hasta el día de hoy volvió a recuperar el habla…
Y bien amigos, para concluir les digo que si Larriaga no hubiera hablado tanto, nada de esto  hubiera pasado....Ya  bien dice el dicho: en boca cerrada no entran moscas…