Amo bailar, desde niña
Mis movimientos de caderas y mi sonrisa animaban cualquier fiesta
Aplausos y risas incentivo absoluto  a seguir bailando.
Ahora, quizás, no signifique nada
Ante la inmensidad del cielo azul
Y más allá, aunque no vislumbro formas en el espacio
Y me siento inútil, como sin destino;
Igual que un pergamino olvidado
En algún altar de un ritual catorceno.
 Y fuera de una sociedad exánime,
Como aquel que llora la muerte sin conocerla
Y todos siguen el llanto del vivo
Por el que está ausente
Muerdo cada halito de tristeza, por el muerto que vive y no existe,
Por el hombre que inmerso en la putrefacta sociedad
Aun sonríe y baila
Y me pregunto: ¿Por qué cambiar?
Si a las idiotas nos encanta este mundo
Hay una muerta enfrentada con esta carne viva
que piensa y que se estruja, que se cae a pedazos.
Una muerta que divide mi ser en dos mitades
y me dice al oído que más allá no hay nada.
Y baila y llora y baila, baila…