Era demasiado y agotador el tiempo, terapias de pareja, fortunas en esas absurdas consultas, y realmente nuestra relación, no tena remedio.
Nada tiene solución a no ser que muera.
_ El más fuerte veneno para ratas que tengas.
Fue mi pedido, me lo dieron, lo tome y  decidida partí.
Me dirigí a otro lugar, indecisión o como quieras pero compre  un antídoto
Llego la hora de la cena, nunca fui buena en esto de las artes culinarias, así que pediremos algo. Algo especial. Argumenté confusa y estúpida que deseaba una velada tranquila para hablar despojados de odios, noche sin afrentas, apuntando a ganarnos mutuamente moléculas de confianza.
Me sentí más segura y resuelta cuando en medio de mucho recelo y extrañeza él aceptó y hasta accedió a sacar una botella del mejor tinto de su colección particular de vinos. En ese momento confieso que lo odié aún mucho más.
Tantas ocasiones en que llegué a suplicarle que compartiéramos semejante delicia, solo para obtener un rotundo  NO  como respuesta, y ahora, esta noche en que había decidido acabar con él, asentía sin presiones. Maldito cabrón.
Timbre, delivery, cenaríamos Sushi, justo al acabar la botella. Sorprendente e inexplicablemente trajo otra de su bodega. Fue en ese momento cuando derramé todo el veneno en su vaso que atesoraba un dedo del brebaje rojo.
Pepino, salmón, los makis, torpes intentos de conversación y miradas de reconcomio.
Mi corazón dio un vuelco al oír su “te quiero”, después de largos y amargos años. No pude contestar nada y él impuso un paréntesis enfilando hacia el baño. Confusa, indecisa, así me dejó allí sentada.
Lo único que atiné a hacer, fue regar su vaso nuevamente, pero esta vez con todo el antídoto. Nueva oportunidad, anular el veneno.
Él tardó menos de lo esperado, se dejó ver a pocos metros apuntándome con la pistola que nunca habíamos usado.
Vaya noche para estrenos…, sin duda alguien debería morir esa noche.
Había visto la manipulación de su vaso y con gritos enfurecidos me instaba a beberlo. Así me bebí su salvación.

Desde hace cinco días; él, el arma, las botellas y el vaso, son tan solo un mal recuerdo enterrado en lo que era nuestro jardín.