¿Hablamos? Solo cinco minutos; honestidad brutal


Sofía - He dado la bienvenida a mis miedos, los he acogido, los he acunado, y me hablaron de sus inquietudes, de sus motivaciones, de su afligido sentir que me invadía por momentos, y ellos, esos temores inciertos y mensajeros de algunos de mis antepasados, o de tiempos que no son tiempos, me devolvieron mis abrazos y me sostuvieron, mostrándome que también soy el viajero que se oculta de todo aquello que desconoce, que le abruma, incluso cuando se trata de lo más sublime, porque la felicidad también asusta cuando no se asume.



 Y así, paso a paso, invité a mis tristezas, a mis iras, a mis rabias, a mis emociones más alteradas, aquellas de las que más huía, a tomar el té en una tarde de Otoño como ésta para, sin hacer preguntas, me regalaran sus respuestas.

Me enamoré de sus vidas, de sus historias sentidas, de sus causas más encubiertas, incluso de sus indolencias, de sus heridas, de su violencia, de la agresividad del resentir que se amalgamaba en ellas...

Y frente a ti, temblando ante tus ojos, abro mis manos, mi pecho y mi alma, y te presento a mi sombra, parte de mi existencia, parte de lo que soy, aunque te parezca ruda, fea y desprovista de la tan anhelada belleza.

Y si me amas, me debes amar también cuando mi rostro sólo muestra mis asperezas, cuando mi brillo se apaga y aparecen las emociones a las que yo llamo densas, ámame sin tabúes, ámame con gentileza, ámame sin que lo humano signifique disminuir ese amor que tanto me profesas, porque yo soy divinidad pero también soy esta mujer humana que se siente indefensa.

 Mírame con mis llagas, mírame con mi llanto, con mi miedo, con el desconsuelo, con mi rendición, con mi esperpento, mírame como soy al completo, tanto cuando soy casi un ángel, como cuando soy absurda y grotesca...mírame a los ojos y contesta... ¿me amas, o me detestas?
                                               
Arnau – He dado todo de mí siempre que he amado, me he desquiciado, me he olvidado de mis mentiras y mis verdades, me he enamorado tanto de lo que anhelaba hallar dentro de mí, que no vi que todo eso estaba dentro de mí enterrado. Y ahora, ahora me observo y todo parece tan claro.

Me preguntas si todavía te amo, me preguntas si te siento en mí, si te extraño, si me gusta mirarte, si te puedo amar a pesar de lo que muestras, de tus harapos emocionales, ropajes rotos que tanto intentamos esconder para no ser rechazados por las temidas normalidades sociales.


Me descubrí siendo el sol e iluminé toda mi vida para lograr ser digno de ser amado, y después supe que no amaría a nadie como se mereciera si no aprendía realmente a amarme, al desnudo, sin disfraces, y sin máscaras que disimularan mis terribles malestares, mis castigados años en la penumbra de la incertidumbre, mis profundos pesares, e incluso aquellos secretos que aún no había explorado...

Y apareciste tú...


 Desnuda, con lágrimas en las manos, dispuesta a darme todo, todo, sin esperar nada a cambio, y me hablaste de consciencia, de amor elevado, de besos al alma, de pétalos desenfrenados que volaban audaces a mi corazón desorbitado, y me preguntaste si te amaba, si sabía cómo amarte también cuando tu aroma se tornara oscuro y tapara la luz de la estrella que tanto admiro...

El amor no distingue estados, no sabe si cumples con los arquetipos inventados, sólo ama, ama sin barreras, sin tiempos, sin prisas, sin necesidades, sin explicaciones, sin juicios y sin trabajos forzados... El amor existe sólo si hasta el miedo se siente también amado...

Así que sí, sí mi amor, sí que te amo, porque cuando te miro veo mi reflejo y hace tiempo que también me amo...

Puedo darte lo que aprendí a darte, lo que jamás dejaré de ofrecerme, y lo haré porque cuando te amo, me amo, porque cuando me amo, te amo, porque cuando me entrego a ti, me lleno de mí, y de ti, y de todo lo que somos cuando del ego nos olvidamos.



Sofía - Así es como yo te amo, acariciando tu furia cuando te descubres en el enojo de tus desquicios, de decepciones que todavía no se han resuelto en el océano de lo que ocultas y emerge cuando menos me lo espero.
Así es como yo te amo, en tus secretos jamás revelados, con el respeto de tus silencios, de esos momentos en los que anhelas sentirte solo, sin que mi presencia perturbe la inspiración de tu alma que vuela libre para expresarse de algún maravilloso modo.

Así es como yo te amo, en la distancia, en la constancia, en el abrazo tenue que te alcanza cuando proyectas tu miedo sin darte cuenta sobre mi espalda, porque te veo, te siento, porque te admiro y te comprendo, porque en tu historia me disuelvo, y en la fusión de nuestros besos somos la suma de dos completos, somos la dualidad fundida en nuestros dos cuerpos.