Quitando escombros

 

Noche que cautiva sobre todo cuando apagamos la luz de lectura y decidimos dormir. Sin embargo, el insomnio lo arroja todo por la ventana y nos propone otro plan… Por un instante, al contemplar las estrellas y escuchar el sonido del mar, toda preocupación parece olvidarse. Los cuadernos a medio terminar, los argumentos guardados en el cajón, la miseria posible y la grandeza, la simple existencia merecida de un porvenir. Todo. Absolutamente todo. La vida es una y una es la respuesta. Esta noche él y yo, caminaremos por estas calles mojadas de Buenos Aires, mientras inventamos canciones, tomados de la mano, por si el frío nos asalta, sin miedos, con coraje, a tu lado, porque ya no hay nada que esconder, ya no hay nada clandestino y el amor no se elige, te arropa.
Desnudada de vergüenza, de temores y miradas furtivas. Ya sé que te voy a amar, porque aunque mi corazón esté de vuelta, necesita una transfusión de urgencia, aunque no me preguntes mi grupo sanguíneo, porque no me lo sé. Seguimos paseando mientras se apagan las luces y el blanco y negro se vuelve color, y ya probarte ni vernos, es un acto suicida… Y es que no puedo cambiar lo que siento. Ya me hirieron en el pasado efímero. ¿Y qué? ¿Y qué si te quiero? Pero ya empiezo a notar que te tengo y vuelvo a sentir el miedo de navegar en tus brazos. Soy humana, tan imperfecta o más, que cuando nací, creo.
Ya perdí la cuenta de tus caricias. Nos hemos dejado llevar por la ternura. La piel, nuestras pieles, poco a poco cumplirán esos deseos manuscritos en bancos, árboles, paredes y aquellos cuadernos que dejé a buen recaudo en aquel cajón.
El insomnio será un rumor.
Y si hay una despedida, nos partiremos en dos, para hacerlo, si cabe, más bello, todavía, porque ahora todo empieza y acaba en ti, y ya, aunque algunos no sepan del amor, no tenemos que pedir perdón ni escondernos detrás de ese cortinaje.